viernes, 24 de julio de 2009

La Renuncia


He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
*

lunes, 13 de julio de 2009

C u a r e n t e n a



Con qué ferocidad y a qué hora importuna
salen tus veinte años de la fotografía
para exigirme cuentas.
En los ojos heridos por la luz
sostienes la mirada de mis sobras,
en el descaro de tus profecías
desdeñas la lealtad de mis recuerdos,
en la piel transparente
anegas el cansancio de mi piel
y defines mis años por traiciones.
No escandalices más,
hablemos si tú quieres,
elige tú las armas y el paisaje
de la conversación,
y espera a que se vayan los invitados
a la cena fría de mis cuarenta años.
Por evaporaciones, como las aguas sucias de los charcos
se acercan a las nubes, caminaré contigo
hasta la plaza de tu juventud.
Allí están los magníficos árboles de las ciencias y las letras
con sus palabras en el mes de mayo,
y el orden de los números a la orilla del tiempo,
más cerca de las sumas que de las divisiones.
Imagino tu voz, supongo el aire
-porque a veces regresa hasta mis labios en noches de espesura-
con el que afirmarás que toda libertad es una roca,
que no faltan el viento y las razones,
sino la voluntad en el timón,
para gritar después que mi conciencia es ya ropa tendida,
palabras puestas a secar.
Tendrás razón. No digo ni la mitad de lo que siento.
Pero recuerda que mi soledad,
la que arde en mi lámpara de desaparecido,
es el silencio de las causas públicas.
Y puedes comprenderme: mis mujeres dormidas,
el cajón de los barcos indefensos,
un teléfono antiguo...,
todas las tachaduras se parecen a la inquietud
que sufres ante la vida en blanco.
Ya que fuerzas mis sombras con tu luz
comprende mi silencio en tus exclamaciones.
Porque sabes que sé el lado frágil de la impertinencia,
lo que hay de imitación en tu seguridad,
la certeza que llega de los otros para empujarte
por el afán de ser el elegido, por el deseo de gustar,
hasta vivir de oídas en muchas ocasiones.
Aceptaré las quejas,
si tú me reconoces la legitimidad de la impostura.
Ahora que necesito meditar
lo que creo en busca de un destino soportable,
me acerco a ti, porque sabías meditar tus dudas.
Cuando tengas la edad que se avecina,
admitirás el tiempos de los encajadores,
la piel gastada y resistente, el tono bajo de la voz
y el corazón cansado de elegir sombras de pie o luz arrodillada.
Después de lo que he visto y lo que tú verás,
no es un mal resultado, te lo juro.
Baja conmigo al día, ven hasta los paisajes verdaderos
en los que discutimos, y me agradecerás
la difícil tarea de tu supervivencia.

martes, 7 de julio de 2009

Tu Cuerpo Esta A Mi Lado


Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado y el bajo y suave respirar de tu vientre sin mis labios.
Te digo a media voz cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo y te beso
como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras y te aprietas a mí
y haces tu llanto sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar,
mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos.