lunes, 30 de marzo de 2009

Bella


Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.
Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella.
Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.
Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.
Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.
Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.
Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.
Bella,
mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,

Lo Peor Del Amor





Lo peor del amor cuando termina

son las habitaciones ventiladas,

el puré de reproches con sardinas,

las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo del después son los despojos

que embalsaman al humo de los sueños,

los teléfonos que hablan con los ojos,

el sístole sin diástole sin dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,

remendar las virtudes veniales,

condenar a la hoquera los archivos.

Lo peor del amor es cuando pasa,

cuando al punto final de los finales

no le quedan dos puntos suspensivos…

Amor Se Llama El Juego


Hace demasiados meses
que mis payasadas
no provocan tus ganas de reir
no es que ya no me intereses,
pero el tiempo de los besos
y de sudores a la hora de dormir
Duele verte removiendo la cajita de cenizas
que el placer tras de si dejó mal y tarde
estoy cumpliendo la palabra que te di
cuando juré escribirte una canción
Un Dios triste y aburrido nos castigó
por trepar juntos al árbol
y atracarnos con la flor de la pasión
por probar aquel sabor.
El agua apaga el fuego
y al ardor los años
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a acerse daño
Y cada vez peor
y cada vez más rotos
y cada vez más tú
y cada vez más yo
sin rastro de nosotros.
Ni inocentes ni culpables
corazones que destroza el temporal
carnes de cañón
no soy yo ni tú ni nadie
son los dedos miserables que le dan
cuerda a mi reloj
Y no hay lágrimas que valgan para volver
a meternos en el coche
donde aquella noche en pleno carnaval
te empecé a desnudar.
El agua apaga el fuego
y al ardor los años
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a acerse daño
Y cada vez peor
y cada vez más rotos
y cada vez más tú
y cada vez más yo
sin rastro de nosotros.




miércoles, 25 de marzo de 2009

Mujer Payasa

P a y a s o


¿Qué es lo que llevamos con nosotros los payasos?.
¿Qué viaja con nosotros en nuestra maleta?.
¿Qué aportamos en los lugares de crisis?.
¿Para qué servimos, si es que servimos de algo, fuera del contexto de un circo o un teatro?.
Un payaso parece tener únicamente un lugar dentro de la carpa de un circo o el recinto cerrado de un teatro. Pero en estado libre, sin más límites que los dibujados por la propia realidad, inmerso en la vida cotidiana, el payaso es un elemento que abre un espacio infinito de preguntas: representa en sí mismo el inadaptado, al errante, al desposeído, el diferente, el desplazado, aquel que por parecer diferente se sitúa al margen, aquel de quien los demás hacen mofa...

Pero también representa aquello en quien los otros descubren que pueden reírse de sí mismos y de lo absurdo de su propia existencia, porque en él se recogen elementos en los que todos nos reconocemos, puntos de humanidad y de vulnerabilidad, de ingenuidad que todos guardamos. Constituye un elemento poético y filosófico, que escapa de lo cotidiano y que inconscientemente nos muestra una claraboya que ilumina nuestra rutina, plagada las más de las veces de elementos que la hacen insufrible y de la que necesitaríamos escapar.
Esto resulta mucho más evidente en lugares donde los conflictos bélicos o sociales son muy fuertes. Allí resulta más necesario que ningún otro el aporte de aire fresco, de colores vivos, la sugerencia de que aunque el ser humano es capaz de los mayores horrores, también lo es de la mejor poesía y del mayor encanto; el ser humano es capaz de torturar y de matar, de violar y de asesinar, pero también es capaz de enamorar, de cantar, de sonreír, de emocionar.
Eso, comprensiblemente, se olvida fácilmente en medio del horror. Nosotros no queremos que eso se olvide, porque quizá sea lo único capaz de salvarnos del desastre. Queremos refrescar la memoria, no sólo a las víctimas, sino también a los verdugos. Vamos en busca del que sufre, pero también nos dirigimos al que ha provocado el sufrimiento, queremos poner un espejo delante de unos y de otros, de las víctimas para que recuperen la esperanza y de los verdugos para que, si queda un resto de vergüenza en su ser, se cuestionen lo que les lleva a actuar como lo hacen.
El payaso lleva en su cara, en su traje, en su nariz, en sus bolsillos el mensaje de que es posible elegir cómo ser, de que nadie ni nada, salvo nosotros, debería elegir ni cómo vestimos, ni si nos pintamos o no la cara o el pelo, ni si las ideas que tenemos han de ser de bote o naturales.
Es un canto a la libertad del ser humano, frente a cualquier tipo de imposición.
Una nariz roja en medio de un universo de pólvora y agresividad es una apuesta por el ser humano.
Cuando un payaso viaja al escenario de la guerra, la dimensión absurda de ésta se subraya todavía más. Un hombre de uniforme, frente a otro hombre de uniforme son la viva imagen de una batalla que puede estar a punto de empezar. Un hombre de uniforme frente a un hombre vestido de colores, con zapatones y una nariz roja, representa un choque conceptual que cuestiona el enfrentamiento y que nos hace preguntarnos si de veras merece la pena tanto horror, cuando también se es capaz de producir tanta alegría.
En medio de los fusiles y de los tanques un payaso parece no pintar nada, pero es entonces cuando quizá también podamos preguntarnos quién es quien pinta menos en la vida de los hombres, ¿qué nos hace menos falta: una nariz roja o un fusil?
En un paisaje en el que la presencia abrumadora de la hostilidad y de la fuerza a través de la violencia es el pan de cada día, una nariz roja disloca el horror y prueba la existencia de la esperanza, refugiada en el corazón.
La guerra de Kosovo acababa de terminar i muchas personas viajamos hasta allí con la intención de ayudar. Médicos, psicólogos, gentes que ayudan en la reconstrucción de edificios, en la limpieza de pozos de agua, todos parecen tener una misión clara i muy útil. En la frontera me preguntaron por mi profesión. Dije “payaso” y me miraron de arriba a abajo, me preguntaron qué venía a hacer y contesté que pretendía hacer reír, no entendieron nada pero sellaron mi pasaporte. Tendrían que haber visto la cara de los niños que reían al día siguiente, lo hubieran entendido todo.
¡¡¡¡LA EXPLOSIÓN DE LA RISA ES EL MÁS SANO Y RECOMENDABLE ATENTADO DEL MUNDO!!!
Muchas veces me he preguntado en qué medida mi trabajo era productivo. Los mineros extraen el mineral, los albañiles construyen edificios, los médicos trabajan por la salud de las personas, incluso los funcionarios mueven papeles encima de su mesa para que otros movimientos se produzcan en otro lugar; pero nosotros, los payasos, ¿qué hacemos?, ¿qué producimos?, ¿para qué servimos?. Ahora pienso que somos generadores de una energía capaz de hacer que el mundo no se hunda por su propio peso. El mundo, nuestro comportamiento habitual en él, es demasiado pesado, hundiría el barco. El sentido del humor es un flotador que permite que no nos vayamos al fondo. Cuando el humor no existe, nuestro peso es demasiado alto y cualquier tormenta podría llevarnos al fondo. Por eso quizá los payasos, que no producimos nada material, sí posibilitamos que el sufrimiento se debilite y se diluya y con eso sirvamos para hacer que todo funcione mejor. Suena presuntuoso pero me parece que es verdad y, como soy un payaso, lo digo.


martes, 17 de marzo de 2009

Cansancio


Cansado.
¡Sí!Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
*
Oliveiro Girondo

Destino


Y para acá o allá
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás
//
Poemas de Oliverio Girondo

miércoles, 4 de marzo de 2009

En Estos Dias...






En estos días,

todo el viento del mundo sopla en tu dirección.

La osa mayor corrige la punta de su cola

y te coronacon la estrella que guía, la mía.

Los mares se han torcido

con no poco dolor hacia tus costas.

La lluvia dibuja en tu cabeza

la sed de millones de árboles.

Las flores te maldicen muriendo, celosas.

En estos días

no sale el sol, sino tu rostro.

Y en el silencio,

sordo del tiempo,

gritan tus ojos.

Ay! de estos días terribles,

ay! de lo indescriptible.

(Cuántos disparos esperan divertidos al borde de las brumas.

Reino de criaturas de corbata y vestido

cúanto rubor letrado pide a la araña teja un abogado.)

En estos días

no hay absolución posible para el hombre,

para el feroz, la fiera que ruge y canta ciega:

ese animal remoto que devora y devora primaveras.

En estos días,

no sale el sol, sino tu rostro.

Y en el silencio,

sordo del tiempo,

gritan tus ojos.

Ay! de estos días terribles,

ay! del nombre que lleven,

ay! de cuanto se marche,

ay! de cuanto se quede.

Ay! de todas las cosas que hinchan este segundo.

Ay! de estos días terribles, asesinos del mundo.

*

Silvio

*
(1977)

Leyenda de los dos amantes

Como tiernas babosas de la campiña,
ella y él se enroscaron húmedamente
y él dejó de ser hombre, como ella niña,
para ser uno sólo completamente.
Desde todos los puntos que los juntaban,
se saborearon tanto y con tal delicia
que las horas de vida que les quedaban
decidieron pasarlas en la caricia.
A menos de un suspiro del tibio abrazo,
el resto de la historia se debatía
en átomos, galaxias y otros acasos
que encontraron certeza justo aquel día.
Y se hicieron leyenda los dos amantes,
enroscados eterna y húmedamente.
Nada pudo tocarlos detrás de guantes.
Sólo pueden saberlo los igualmente
Silvio...